Antequera, Málaga (Andalucía, España)
El tholos es un tipo de dolmen tardío en el que en las paredes del corredor, y la cámara no está realizado con ortostatos (losas grandes), sino con paredes de mampostería, que en los pasillos se mantienen verticales, y en las cámaras se aproximan las hileras de piedras, cerrándose la parte superior en falsa cúpula.
Hay un tipo pequeño de tholoi (plural de tholos), que lo conocemos bien en Los Millares, Almizaraque, en Alcalar y en otros emplazamientos ibéricos, como Ourique, El Moro (Niebla) y suroeste de Portugal.

¿Podemos considerar que un tholos es un dolmen? Claro que sí, pero debemos reconocer que es una de las últimas variantes de un monumento funerario (habitualmente Calcolítico o Edad de Hierro), con planta y túmulo de dolmen (corredor y cámara), en el que se ha utilizado material ligero (piedras planas pequeñas) que ha posibilitado paredes, con solución muy variopinta para la cubierta del corredor y la falsa cúpula (los tholoi grandes tienen cubiertas de piedras, como la tienen todos los dólmenes adintelados).


¿Qué tiene de especial el Tholos de El Romeral? Destacaremos su conservación, su tamaño y su ubicación. ¿El origen de los tholoi? Siempre se ha dicho que los tholoi españoles poseen influencia de otros monumentos similares encontrados en las Islas del Egeo datados alrededor del año 2.500 a. C. La voz “tholos-tholoi”, de claro origen helénico, nos pone en situación de un edificio funerario que ha sido conocido en Creta y la Grecia Clásica desde los albores de su desarrollo. La facilidad de los movimientos comerciales ya en aquella época puede certificar el origen de esta nueva modalidad dolménica en el Mediterráneo Oriental.
Por su conservación el Tholos de El Romeral es un ejemplar único, ya que, aunque los monumentos de falsa cúpula son más débiles que los dólmenes tradicionales de ortostatos, ha llegado a nuestros días con una calidad de conservación (tras sus respectivos arreglillos) muy aceptable. El túmulo, fácil de reponer, está perfecto. Además de cubrir perfectamente el esqueleto, es enorme, con más de 70 metros de diámetro. Las paredes del pasillo o corredor, de una altura de 1,80 metros de media, está culminada por cubiertas superiores de cierre. Y tras una puerta con estructura de dintel, se entra en la gran cámara circular.




El Romeral posee una primera gran cámara de 4 metros de altura y 5,20 metros de diámetro en su suelo. Según suben sus paredes, y las hileras de mampostería se van acercando al apoyarse una a otra hacia adentro, éstas alcanzan a los cuatro metros. Dejando un orificio superior de algo más de 2 metros de diámetro. Ese hueco se cierra con una losa, que a su vez es tapada por el túmulo de tierra y piedras.
Pero El gran Tholos del Romeral nos guarda una sorpresa tras esa gran cámara, ya he continúa con un pequeño pasillo que nos lleva a una segunda pequeña cámara circular, cerrada con una reja (para que los intrépidos no quieran pisarla físicamente) de un diámetro aproximado de 2,5 metros en la base, y una altura de 2,5 metros. Esta cámara, hermana pequeña de la anterior, posee una piedra de altar y un espejo para que se pueda vislumbrar la dimensión su espacio interior desde la reja.

Como decíamos, su conservación es notable. ¿Y respecto su tamaño? Ya hemos hablado de un túmulo de más de 70 metros de diámetro que alberga un tholos de 28 metros de largo en total (desde la apertura hasta el final de la segunda cámara). Una verdadera estructura gigante. ¿Y su datación? Tardía, alrededor del 2.200 a.C., aunque hasta hace poco decíamos que era del 1.700 a. C.



¿Su ubicación? El Tholos de el Romeral se encuentra a las afueras de Antequera, a su este. En línea recta esta a poco más de un kilómetro de los dólmenes de Menga y Viera, aunque para llegar hay que cruzar varias rotondas y adentrarnos en un polígono industrial. Varias fábricas, los puentes del AVE y un depósito de deshechos a la entrada del recinto afean la primera impresión. Pero una vez que estamos en la zona protegida, en la que abundan los cipreses, y en el que el túmulo es omnipresente, se nos olvida todo lo anterior.
Lo bueno es que se encuentra cerca y protegido, y con la declaración de Patrimonio de la Humanidad en 2016, un poco más cerca y protegido ya que hay recursos para ello. Además, una vez que estamos dentro, tenemos la misma sensación que en Menga o Viera: la aproximación por hiladas de piedras planas pequeñas no evita la contemplación de un monumento único con un valor indescifrable, que ha llegado a nuestros tiempos para que comprendamos la cultura de la muerte de nuestros ancestros hace 4.000 años. Si le damos importancia a las pirámides de Guiza, pensemos que el Tholos de El Romeral es de varios cientos de años anterior a ellas.
Localización en la península Ibérica
Como también pasa con el dolmen de Menga, la orientación del Tholos de El Romeral no concuerda con el consenso ibérico, ya que casi todos los monumentos megalíticos funerarios miran a la salida del sol. En nuestro caso particular de El Romeral, dato que ha sido comprobado por los profesores Huskin y Belmonte, el megalito está orientado hacia el Torcal de Antequera, más concretamente al Camorro de las Siete Mesas, que se sitúa al S-SO de la puerta, en línea con el corredor y cámaras del tholos.



Y no podemos dejar de poner nombres propios al descubrimiento, reconstrucción, conservación y musealización del Tholos de El Romeral. Y empezamos, como no puede ser de otra forma, por el Profesor García San Juan, que junto al Profesir Hurtado Pérez, son los factótum (junto a sus equipos) del éxito actual de los Dólmenes de Antequera. El Tholos fue excavado por primera vez por los Hermanos Viera Fuentes, funcionarios municipales que, animados por las excavaciones del dolmen que lleva su nombre y que está a la espalda de Menga, se dirigieron a la finca de Francisco Romero Robledo, insigne antequerano, en 1904. Su trabajo unió para siempre el futuro de los tres dólmenes, ya que desde entonces se consideran una unidad de destino a conservar. Francisco Prieto-Moreno hizo en 1941 importantes actuaciones (limpieza de pasillo, reposición de cubiertas), y el Tholos de El Romeral ha llegado a nuestra época con las intervenciones realizadas a principio del siglo XXI por Ciro de la Torre.
Muchos expertos consideran que el Tholos de El Romeral es el mejor tholos del mundo, y no tenemos medios para desmentir lo que otros comentaron, ya que su conservación, tamaño y ubicación, junto al haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2016 hacen de este megalito algo único. Pero debemos pensar que, además de los pequeños tholoi peninsulares, que ya tendrán su explicación propia posterior, poseemos en el valle del Guadiana y especialmente en el valle del Guadalquivir varios tholoi gigantes que son dignos de ser puestos en valor. Se trata de los ejemplares del Aljarafe (Valencina y Castilleja), y Los Alcores en la provincia de Sevilla, que son estandartes de los mejores tholoi de Europa junto a La Granja de Toriñuelo, sito en Jerez de los Caballeros, Badajoz. Todos estos megalitos se están poniendo al día en promoción y solvencia documental. Cierto es que El Romeral, al ser el primero, siempre nos parece de rango superior, pero en lo que nos debemos centrar es que dicho tholos ha permitido que estudiemos todos los comentados anteriormente, y que en un radio de 150 kilómetros contemos con la mayor y mejor concentración de tholoi del mundo.
¡Ello si que es un puntazo!

