La Nava de Santiago. (Badajoz. Extremadura. España)
El dolmen de Lácara, sito en Extremadura, es uno de los megalitos más impresionantes de la Península Ibérica, tanto por su tamaño, como por sus características. También se denomina «dolmen del Prado de Lácara«.
Se trata de un sepulcro de corredor largo alentejano, que, dado su tamaño, suele considerarse de forma especial. El dolmen de Lácara tiene su megalito de referencia en el Gran Anta de Zambujeiro, en las cercanías de Évora (Portugal). Zambujeiro posee quizá la cámara más conservada, pero en lo referente a el corredor, el dolmen de Lácara tiene más ortostatos enhiestos, alineados y cubiertos. Pero no es una competición. Tanto Lácara como Zambujeiro deben ser estudiados de forma comparativa para que así podamos comprender el significado de unas cámaras megalíticas tan colosales.



Concretando. La cámara posee 7 ortostatos de granito, tiene un diámetro de 5 metros, y como nos muestra su gran ortostato original enhiesto, que ahora cuenta con una altura de cinco metros. La cámara no posee cubierta. Las malas lenguas dicen que se voló con dinamita para buscar tesoros dentro. Sea o no verdad, la duda ofende, la cámara es impresionante, pero con seis losas fracturadas.
El corredor si posee muchas de sus características primigéneas. Tiene 20 metros de largo y dos de ancho, y salvo en el acceso a la cámara, posee una altura media de 1,40 m. Cuenta con 6 ortostatos de granito en cada lado. Posee un atrio sin cubrir, que deja un aspecto espacioso a la puerta, y dos espacios diferenciados que se van empequeñeciendo según nos acercamos a la cámara. El monumento posee orientación este, por lo que da mucho juego en los equinoccios.



El túmulo es impresionante, ya que hoy tiene más de 20 metros de diámetro, pero debió ser mayor de seis metros de alto para cubrir una cámara tan alta. Por ello se supone que llegó a alcanzar alrededor de 40 metros de diámetro. Mantiene apoyos peristálticos y grandes piedras que aguantan la estructura tumular.
Posee restos de ortostatos tirados al lado del dolmen de Lácara, lo que nos habla del expolio y destrozo histórico que siempre ha acompañado a este megalito de tradición luso-alentejano.
El dolmen de Lácara está datado en el final del Neolítico, pero fue utilizado en el 3000 a.C., y se considera también (por los restos mayoritarios encontrados en él) un ejemplar del Calcolítico. Pero también se ha encontrado bronce y cerámica que nos permite decir que llegó a a ser reutilizado durante más de dos mil años.


Ya Mélida a principio de siglo, Los Leisner y Almagro Basch en los años cincuenta del S. XX realizaron estudios y excavaciones de este gran monumento situado en la ribera derecha del Arroyo de Lácara, cerca de la aldea de Cordovilla de Lácara, sita en el término municipal de La Nava de Santiago. Las diversas excavaciones han descubierto un escaso y diverso ajuar lítico, consistente en elementos de sílex, puntas de flecha Palmela, cerámica en la que destacan restos campaniformes, y un ídolo placa alentejano.
Desde hace unos años se celebran en el dolmen de Lácara experiencias de observación astronómica, especialmente en los solsticios. El fácil acceso, la cercanía a la autovía A-66, lo que permite su llegada cómoda desde Mérida y Cáceres, y gracias a la difusión mediática de los eventos equinocciales, se ha promocionado de manera importante uno de los pocos experimentos de arqueoastrología de que se realizan en la Península Ibérica.
Huskin y Belmonte nos recuerdan que la orientación del corredor es hacia la salida del sol. La espectacularidad del momento lo reafirma el paraje. Los eventos con planetas en el dolmen de Lácara empiezan a ser un clásico, sólo comparables a los que se realizan en Antequera, en el dolmen de Soto y en el Arca da Piosa en Zas (A Coruña).
Aproximación al megalito
El dolmen de Lácara se encuentra en una gran dehesa, en la ribera derecha del arroyo de Lácara en la provincia de Badajoz, pero ya muy cerca de la de Cáceres. Desde Aljucén se toma la carretera de la Nava de Santiago, y a unos diez kilómetros desde la Autovía A-66 encontramos la señalización del dolmen de Lácara y un aparcamiento. Desde allí parte un camino de tierra de un kilómetro, en el que alejándose de la carretera se interna en la frondosa dehesa. De golpe, tras varias cuestecillas, nos toparemos con el gran túmulo y el ortostato gigante que sobresale en la cámara.
A pocos metros del dolmen de Lácara se encuentra un altar prehistórico (impresionante estructura de granito), que poco a poco se está poniendo de moda al evocar la posibilidad de la realización el dicho altar de Lácara de rituales de sacrificios humanos. Pero no mezclemos….el dolmen de Lácara era un enterramiento colectivo, y el supuesto altar, una piedra a la que se le está sacando mucho jugo.

