Arenas del Rey, Granada (Andalucía, España)

Localización en la península Ibérica

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Montefrío, Granada (Andalucía, España)











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Montejaque, Málaga (Andalucía, España)

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Estepona, Málaga (Andalucía, España).

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Antequera, Málaga (Andalucía, España)
El dolmen de Viera está ubicado a la espalda de la Cueva de Menga, en el mismo cerro urbano sito en Antequera. Por ello ambos dólmenes gigantes se consideran muchas veces un conjunto, aunque las características técnicas de cada uno sean muy diferentes, y su fecha de construcción sea también significativamente desigual.

Las primeras referencias del dolmen de Viera aparecen en el siglo XVI, pero el megalito toma relevancia al excavarse tras haber sido muy publicitado su primo hermano: Menga. Me imagino que cualquier visitante a la “Cueva Grande” preguntaría por el túmulo a su izquierda. Y ello es muy comprensible si hablamos de investigadores de la entidad de Mitjana, Rojas, Ayarragaray o el mismísimo Cartailhac.
No olvidemos que las primeras denominaciones que se le dan al dolmen de Viera es de “Cueva Chica” en contraste con su vecina Cueva de Menga. Lo cierto es que los Hermanos Viera Fuentes (José y Antonio), funcionarios municipales de Antequera, excavaron y estudiaron la cueva de una forma seria en 1903. Su trabajo tuvo una gran repercusión, por lo que tras su intervención en la “Cueva Chica” empezaron sin dilación las excavaciones en el Tholos de El Romeral. Y el esfuerzo tuvo su recompensa, ya que años más tarde el arqueólogo Manuel Gómez-Moreno puso al megalito “Cueva Chica” el nombre dolmen de Viera en honor de los hermanos antequeranos.

Por eso vamos a dedicar un pequeño homenaje aquí a Don José (Sevilla 1860, Antequera 1937), y Don Antonio (Sevilla 1873, Antequera 1924) Viera. Antonio llega primero a la villa del Guadalhorce como jardinero, e incorpora a su hermano José también como fontanero y jardinero municipal de Antequera. En su jornada diaria, los hermanos se incorporan a las labores de limpieza y conservación de la Cueva de Menga. En 1903 se ponen ambos hermanos a trabajar por su cuenta en la excavación de la “Cueva Chica”. Su entusiasmo y resultados no pasaron desapercibidos. Con ese background se les invitó a que repitiesen la experiencia en el “Cerro Blanco”, túmulo sito en una finca del ministro Francisco Romero, sita a un par de kilómetros de Menga y la “Cueva Chica”. Y su resultado, como no podía ser de otra forma, también deslumbró a la intelectualidad y medios de la época.

Poco reconocimiento se llevaron en vida, aunque para nosotros, que te pongan una avenida de cipreses en el Tholos de El Romeral, que se les otorgara el título de «Hijos adoptivos de Antequera» antes de su fallecimiento, y generasen el nombre de uno de los tres dólmenes insignes de Antequera, ahora declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son por goleada motivo suficiente de medalla de oro para los Hermanos Viera.
El dolmen de Viera es una galería o sepulcro de corredor con dataciones de construcción que oscilan entre los años 3500 y 3000 a.C. Queda claro que es un ejemplar con paralelismos con otros grandes dólmenes atlánticos, y que efectivamente es más joven que la Cueva de Menga.



El dolmen de Viera está compuesto por un gran pasillo de 22 metros de largo que en su cabecera posee un espacio cuadrado diferenciado, al que se llega mediante una piedra horadada. Este recinto cuadrangular tras la piedra horadada (dalle hubblot) es lo que en otros dólmenes llamamos cámara.


El pasillo y corredor se construyó con ortostatos (se conservan 15 a la derecha y 14 a la izquierda), que adintelados, eran cerrados por piedras planas enormes de cubierta. La cámara cuadrada se cubre por una única losa. El corredor tiene un ancho medio de metro y medio y una altura media de dos metros.
Gracias al estudio de la tipología de la piedra del dolmen de Viera, parece que reconocemos (tras el planchazo en Stonehenge, hay que tener cuidado) que su origen es de una cantera de la barriada de Los Remedios, situada a unos 500 metros del megalito. La construcción debió hacerse siguiendo los patrones habituales de los dólmenes occidentales, pero el gigantismo de su tamaño y las piedras que se conservan, denotan que debió necesitarse una importante cantidad de mano de obra para el movimiento de las piedras, su ejecución y asentamiento (mediante palancas, rampas y troncos). El túmulo también es digno de ser destacado: tiene más de 50 metros de diámetro.

Respecto a los detalles ornamentales del dolmen de Viera, destaca la decoración con cazoletas en el corredor, restos de matices ocres en algunas de sus paredes y el descubrimiento de un ajuar de notable interés, ya que al no haberse podido utilizar las técnicas de búsqueda, extracción y cribado modernas, no nos podemos quejar del resultado: varios los taladros y raspadores de sílex, un grupo de hachas pulimentadas, unos trozos de cerámica y un punzón de cobre.



¿Y qué decir de la orientación del dolmen de Viera? Todo parece indicar que es un dolmen normal que mira a la salida del sol, SSE, lo que provoca que el sol entre limpiamente en el corredor y en la cámara en los equinoccios de primavera y otoño. ¡Huskin y Belmonte no han tenido trabajo extra con la orientación de este megalito!
Localización en la península Ibérica
Tras la excavación y puesta en valor del dolmen de Viera por los hermanos que llevan dicho nombre, cabe destacar un par de intervenciones que merecen ser destacadas. La primera es la realizada por el arquitecto conservador de la Alhambra, el arquitecto Prieto-Moreno (que tampoco se perdió el meter mano a El Tholos de El Romeral), y en esas reparaciones se pusieron escalones, se limpió el interior, y se puso reja………
Constante (la de poner barrotes) que vamos a ver en los tres dólmenes de Antequera para evitar expolios y okupas desde su escavación (¡Menos mal que en los años 20 de nuestro siglo se han quitado las rejas!).
La segunda intervención es la realizada en 2004 por Ciro de la Torre, que evitó la catástrofe permanente que suponía una lluvia fuerte sobre el dolmen de Viera, y modificó el acceso a su aspecto actual.
Antequera, Málaga (Andalucía, España)
El tholos es un tipo de dolmen tardío en el que en las paredes del corredor, y la cámara no está realizado con ortostatos (losas grandes), sino con paredes de mampostería, que en los pasillos se mantienen verticales, y en las cámaras se aproximan las hileras de piedras, cerrándose la parte superior en falsa cúpula.
Hay un tipo pequeño de tholoi (plural de tholos), que lo conocemos bien en Los Millares, Almizaraque, en Alcalar y en otros emplazamientos ibéricos, como Ourique, El Moro (Niebla) y suroeste de Portugal.

¿Podemos considerar que un tholos es un dolmen? Claro que sí, pero debemos reconocer que es una de las últimas variantes de un monumento funerario (habitualmente Calcolítico o Edad de Hierro), con planta y túmulo de dolmen (corredor y cámara), en el que se ha utilizado material ligero (piedras planas pequeñas) que ha posibilitado paredes, con solución muy variopinta para la cubierta del corredor y la falsa cúpula (los tholoi grandes tienen cubiertas de piedras, como la tienen todos los dólmenes adintelados).


¿Qué tiene de especial el Tholos de El Romeral? Destacaremos su conservación, su tamaño y su ubicación. ¿El origen de los tholoi? Siempre se ha dicho que los tholoi españoles poseen influencia de otros monumentos similares encontrados en las Islas del Egeo datados alrededor del año 2.500 a. C. La voz “tholos-tholoi”, de claro origen helénico, nos pone en situación de un edificio funerario que ha sido conocido en Creta y la Grecia Clásica desde los albores de su desarrollo. La facilidad de los movimientos comerciales ya en aquella época puede certificar el origen de esta nueva modalidad dolménica en el Mediterráneo Oriental.
Por su conservación el Tholos de El Romeral es un ejemplar único, ya que, aunque los monumentos de falsa cúpula son más débiles que los dólmenes tradicionales de ortostatos, ha llegado a nuestros días con una calidad de conservación (tras sus respectivos arreglillos) muy aceptable. El túmulo, fácil de reponer, está perfecto. Además de cubrir perfectamente el esqueleto, es enorme, con más de 70 metros de diámetro. Las paredes del pasillo o corredor, de una altura de 1,80 metros de media, está culminada por cubiertas superiores de cierre. Y tras una puerta con estructura de dintel, se entra en la gran cámara circular.




El Romeral posee una primera gran cámara de 4 metros de altura y 5,20 metros de diámetro en su suelo. Según suben sus paredes, y las hileras de mampostería se van acercando al apoyarse una a otra hacia adentro, éstas alcanzan a los cuatro metros. Dejando un orificio superior de algo más de 2 metros de diámetro. Ese hueco se cierra con una losa, que a su vez es tapada por el túmulo de tierra y piedras.
Pero El gran Tholos del Romeral nos guarda una sorpresa tras esa gran cámara, ya he continúa con un pequeño pasillo que nos lleva a una segunda pequeña cámara circular, cerrada con una reja (para que los intrépidos no quieran pisarla físicamente) de un diámetro aproximado de 2,5 metros en la base, y una altura de 2,5 metros. Esta cámara, hermana pequeña de la anterior, posee una piedra de altar y un espejo para que se pueda vislumbrar la dimensión su espacio interior desde la reja.

Como decíamos, su conservación es notable. ¿Y respecto su tamaño? Ya hemos hablado de un túmulo de más de 70 metros de diámetro que alberga un tholos de 28 metros de largo en total (desde la apertura hasta el final de la segunda cámara). Una verdadera estructura gigante. ¿Y su datación? Tardía, alrededor del 2.200 a.C., aunque hasta hace poco decíamos que era del 1.700 a. C.



¿Su ubicación? El Tholos de el Romeral se encuentra a las afueras de Antequera, a su este. En línea recta esta a poco más de un kilómetro de los dólmenes de Menga y Viera, aunque para llegar hay que cruzar varias rotondas y adentrarnos en un polígono industrial. Varias fábricas, los puentes del AVE y un depósito de deshechos a la entrada del recinto afean la primera impresión. Pero una vez que estamos en la zona protegida, en la que abundan los cipreses, y en el que el túmulo es omnipresente, se nos olvida todo lo anterior.
Lo bueno es que se encuentra cerca y protegido, y con la declaración de Patrimonio de la Humanidad en 2016, un poco más cerca y protegido ya que hay recursos para ello. Además, una vez que estamos dentro, tenemos la misma sensación que en Menga o Viera: la aproximación por hiladas de piedras planas pequeñas no evita la contemplación de un monumento único con un valor indescifrable, que ha llegado a nuestros tiempos para que comprendamos la cultura de la muerte de nuestros ancestros hace 4.000 años. Si le damos importancia a las pirámides de Guiza, pensemos que el Tholos de El Romeral es de varios cientos de años anterior a ellas.
Localización en la península Ibérica
Como también pasa con el dolmen de Menga, la orientación del Tholos de El Romeral no concuerda con el consenso ibérico, ya que casi todos los monumentos megalíticos funerarios miran a la salida del sol. En nuestro caso particular de El Romeral, dato que ha sido comprobado por los profesores Huskin y Belmonte, el megalito está orientado hacia el Torcal de Antequera, más concretamente al Camorro de las Siete Mesas, que se sitúa al S-SO de la puerta, en línea con el corredor y cámaras del tholos.



Y no podemos dejar de poner nombres propios al descubrimiento, reconstrucción, conservación y musealización del Tholos de El Romeral. Y empezamos, como no puede ser de otra forma, por el Profesor García San Juan, que junto al Profesir Hurtado Pérez, son los factótum (junto a sus equipos) del éxito actual de los Dólmenes de Antequera. El Tholos fue excavado por primera vez por los Hermanos Viera Fuentes, funcionarios municipales que, animados por las excavaciones del dolmen que lleva su nombre y que está a la espalda de Menga, se dirigieron a la finca de Francisco Romero Robledo, insigne antequerano, en 1904. Su trabajo unió para siempre el futuro de los tres dólmenes, ya que desde entonces se consideran una unidad de destino a conservar. Francisco Prieto-Moreno hizo en 1941 importantes actuaciones (limpieza de pasillo, reposición de cubiertas), y el Tholos de El Romeral ha llegado a nuestra época con las intervenciones realizadas a principio del siglo XXI por Ciro de la Torre.
Muchos expertos consideran que el Tholos de El Romeral es el mejor tholos del mundo, y no tenemos medios para desmentir lo que otros comentaron, ya que su conservación, tamaño y ubicación, junto al haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2016 hacen de este megalito algo único. Pero debemos pensar que, además de los pequeños tholoi peninsulares, que ya tendrán su explicación propia posterior, poseemos en el valle del Guadiana y especialmente en el valle del Guadalquivir varios tholoi gigantes que son dignos de ser puestos en valor. Se trata de los ejemplares del Aljarafe (Valencina y Castilleja), y Los Alcores en la provincia de Sevilla, que son estandartes de los mejores tholoi de Europa junto a La Granja de Toriñuelo, sito en Jerez de los Caballeros, Badajoz. Todos estos megalitos se están poniendo al día en promoción y solvencia documental. Cierto es que El Romeral, al ser el primero, siempre nos parece de rango superior, pero en lo que nos debemos centrar es que dicho tholos ha permitido que estudiemos todos los comentados anteriormente, y que en un radio de 150 kilómetros contemos con la mayor y mejor concentración de tholoi del mundo.
¡Ello si que es un puntazo!
Un yacimiento en Portugal
Antequera, Málaga (Andalucía, España)
Menga es, con diferencia, el monumento prehistórico más espectacular de la Península Ibérica. Y ya en el siglo XIX se consideró como uno de los mejores del mundo. Alguna de las razones que lo han hecho tan mediático es la difusión de su gran cubierta, el gigantismo de su espacio interior soportado por columnas, la cantidad de personas que se requirieron para su construcción: Y todo ello en Antequera, junto a otro gran dolmen, al de Viera, y a unos cientos de metros del mejor tholos del mundo, El Romeral.

La entrada a la Cueva de Menga llama mucho la atención. La cubierta gigante sujeta por dos piedras verticales es absolutamente impactante. Los dibujos que realizó Mitjana en 1847 fueron la espoleta para que todos los expertos y aprendices de Indiana Jones de finales del XIX tomaran en serio el monumento. Cartailhac, padre del megalitismo moderno, y con gran bagaje en megalitos bretones y británicos, en 1866 puntualiza las observaciones de Mitjana, y coloca el nombre de Antequera en todas las bibliotecas de todas las universidades y en todas las tertulias post-victorianas del continente europeo.

Stonehenge es, como Carnac, una estructura al aire libre. Menga es un colosal dolmen con un túmulo de más de 50 metros de diámetro: de ahí que la llamen cueva.
Respecto la denominación “cueva” al dolmen de Menga, no hay mucho que argumentar. Para los primeros sabios que vieron el espacio interior, así como para los vecinos, les pareció una cueva. Su uso continuado por pastores y tratantes de ganado ha consolidado la denominación primigenia. Quizá “cueva”, como nos ha dicho un aborigen antequerano actual, da una imagen sucia y arcaica al megalito, pero no debemos olvidar que algo construido alrededor de 3.700 años antes de Cristo es algo definitivamente arcaico. Y la denominación Cueva de Menga le da glamour histórico a un monumento que en otras ocasiones ha sido denominado como “troglodita” , «tartésico«o “templo druida”.
Los expertos han determinado que la Cueva de Menga es un sepulcro o galería de corredor, en la que se diferencian un atrio-recibidor exterior bastante deteriorado, un corredor y una galería. Estos dos últimos fraguan una única estructura que toma forma ovoide en planta según se profundiza en el dolmen. El atrio externo está compuesto por dos ortostatos, y el corredor, por ocho losas verticales (cuatro a cada lado) y una gran cubierta o cobija. Tres cuartas partes del monumento lo forma la cámara funeraria. En total hablamos de una longitud de casi 28 metros de largo.



La cámara comienza tras un pequeño estrechamiento, y se compone de siete ortostatos de casi 5 metros de altura a cada lado de 1,5 metros de grosor. Todo ello se cubre con cuatro cubiertas gigantes, ya que alguna de ellas se acerca a las 160 toneladas de peso.

Tras los ortostatos y las cubiertas colosales, otros dos elementos nos sorprenden en un espacio interior tan curioso. Lo primero son las tres columnas o pilares que sujetan la estructura en el centro: es algo inexistente o muy raro en la cultura megalítica. Lo segundo es el pozo descubierto a la cabecera del dolmen: es algo que todavía no posee clara explicación, pero que redunda en la leyenda de la Cueva de Menga.

Para no perder ni un ápice de interés por el mejor dolmen del sur de Europa, cabe decir que su orientación, como no podía ser de otra forma, difiere de la constante megalítica hacia la salida del sol: El monumento mira a la Peña de los Enamorados. Michael Huskin y Juan Antonio Belmonte han contrastado esta particularidad de Menga.



Tras los primeros estudios y dibujos de Mitjana y Cartailhac, el estadio de conocimiento de la Cueva de Menga dió un gran salto gracias al descubrimiento a pocos metros de otro dolmen gigante por los Hermanos Viera, y a un kilómetro hacia el este de los dos descritos del Tholos de El Romeral. Con todo ello, con tres colosos, ya estábamos hablando de un área megalítica de infinita importancia antes de 1905. Gómez Moreno, Amador de los Ríos, Obermaier, Margelina, Hemp, Los Leisner, Giménez Reyna, Primitiva Bueno, y mi queridísimo Michael Huskin son algunos de los nombres destacados que durante el siglo XX han profundizado en el conocimiento de la Cueva de Menga y los dólmenes de Antequera.

Localización en la península Ibérica
Sin embargo, nos gustaría poner un colofón especial a toda esta relación historiográfica con el Grupo Atlas, y en especial destacando el papel del Profesor García Sanjuán, ya que ellos han conseguido ya en el siglo XXI, con paciencia, colocar al dolmen de Menga y al conjunto dolménico de Antequera donde se merece a nivel académico, a nivel monumental y a nivel de infraestructuras con su nuevo espacio museo.
¡Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2016!
Gracias a este sueño común se está viviendo el momento de mayor esplendor del megalitismo español con el éxito de Los Dólmenes de Antequera.